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Desde la barrera

policia nacional

Soy un ciudadano español crecido en democracia. No pertenezco ni he pertenecido al cuerpo, pero vengo a hablar de Policía Nacional y de los policías nacionales.

Policía Nacional en nuestra sociedad

En nuestra democracia, según continuos estudios, entre las instituciones más valoradas del país siempre aparece Policía Nacional. Obviamente con sus detractores, como cualquier institución o personalidad pública, la opinión más extendida entre la población respecto de Policía Nacional es que se trata de un cuerpo de seguridad moderno, preparado, fiable, que desarrolla su actividad con eficacia y que merece la consideración y confianza máximas entre la población en general. Ello, obviamente, lo comparto.

Una visión más particular

Sin embargo, no es el objeto de estas líneas el recuperar el tópico o caer en las zonas comunes del cumplido fácil y vacuo.

Por distintas circunstancias personales, siempre he estado muy vinculado a la Policía. La estrecha amistad con alguno de sus miembros, desde muy jóvenes y sin interrupción de ningún tipo, permite ver con mayor perspectiva los pormenores de su actividad, su evolución, sus circunstancias.

Permite conocer de cerca los vericuetos de la organización, la denodada entrega de sus componentes, los esfuerzos de la institución por adaptarse a las circunstancias de cada momento, de dar respuesta a la sociedad cambiante en la que nos encontramos.

En los últimos años de mi vida profesional, dedicado en cuerpo y alma a la preparación de las oposiciones de acceso a Policía Nacional y de promoción interna dentro del cuerpo, he tenido ocasión de conocer más de cerca tanto a la institución, como a quienes la componen. Particularmente, a estos últimos, a los que quiero dedicar las líneas siguientes.

Los profesionales

Pocas profesiones conozco que tengan un componente más vocacional que la de policía.

Llevo bastantes años compartiendo espacio docente con muchos profesionales que, siendo policías, se dedican esporádica o regularmente a la preparación de opositores al CNP y ello me ha dado ocasión de conocer a excelentes personas, que ponen todo su empeño por ayudar a terceros a lograr su objetivo, pero que, antes de considerarse preparadores, se reconocen como policías. Policías que saben lo duro que es el acceso a dicha institución y que tratan de echar una mano a futuros compañeros.

Profesionalmente comprometidos hasta el tuétano, todos ellos manifiestan una lealtad extrema hacia la corporación para la que tienen el honor de trabajar, una vocación de servicio sin límite y un coraje que se pone de manifiesto, no solo a la hora de exponer su vida o su integridad física en las intervenciones policiales en las que les toca participar (ya sería bastante, créanme), sino en el día a día, en la dificilísima conciliación de la vida familiar y profesional.

En contra de lo que muchos tienden a pensar, el policía es uno de los profesionales que más se recicla, en lo que a conocimientos se refiere, a lo largo de su carrera profesional. Además de la infinita amalgama de destinos que se recogen en la institución, que dan cabida a profesionales de muy diversa índole, el policía que así lo quiere (y son muchos…, la mayoría) se pasa estudiando prácticamente toda la vida. Y no es exageración…

Los sucesivos procesos selectivos de promoción interna que, con arreglo a las normas internas, permiten el sucesivo ascenso de categoría dentro del cuerpo obligan, en muchas ocasiones, a enormes sacrificios personales a estos abnegados profesionales, que se quitan horas de ocio y de convivencia con la familia, para compatibilizar su actividad profesional con las horas de estudio que requieren todos los procesos selectivos, sumamente exigentes en todos los casos.

Con motivo del acto de Jura de la XXIX Promoción de inspectores de la Policía Nacional, mi reconocimiento y mi admiración a los 174 hombres y mujeres que, junto a mi amigo, componen una nueva promoción de la escala ejecutiva del CNP del que sentirnos todos orgullosos.

Sobre el particular, recomiendo el artículo escrito en primera persona por uno de sus miembros.

Los aspirantes

No quisiera pasar la oportunidad de reconocer igualmente a todos aquellos que luchan por formar parte algún día de Policía.

Tengo la inmensa fortuna de convivir con estos chicos y chicas regularmente y de compartir, en cierto modo, sus sinsabores, sus conflictos internos, sus problemas, sus malos momentos… Todo por llegar a ser policía.

Y, doy fe, la recompensa final, conseguido el objetivo, merece la pena. Y merece la pena porque ya en esta fase embrionaria, la ilusión de todos por ser algún día policía es, sencillamente, asombrosa. Aquí resulta acreditada ese carácter vocacional del que antes me hacía eco.

La suerte de conocer a tantos de ellos, de verles ‘crecer’ dentro del largo camino, cuando consiguen el apto en la oposición (casi lo celebro como ellos), cuando ingresan en la Escuela Nacional de Policía de Ávila, cuando salen a la calle por primera vez, cuando vuelven a la academia para seguir opositando (ahora ya para promocionar) es algo que, pase lo que pase, me llevaré conmigo.

Porque, desde la barrera, aprendes a valorar el activo humano que, en definitiva, está en la base y es la explicación de por qué la Policía Nacional está entre las instituciones más valoradas.