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La preparación física en la oposición

El proceso selectivo de acceso al Cuerpo Nacional de Policía es un largo y complicado camino de superación de obstáculos que cada aspirante debe superar satisfactoriamente para conseguir el fin último que consiste en ser nombrado Policía Nacional. Dicho camino puede ser más tortuoso para unos que para otros debido a diferentes circunstancias personales, si bien la experiencia indica que si se lleva a cabo una debida labor de planificación del tiempo, sacrificio, motivación y trabajo se tienen muchas más posibilidades de alcanzar el objetivo propuesto.

El primer ejercicio a afrontar en esta tarea consiste en las pruebas físicas. Para gran parte de los opositores puede ser un obstáculo especialmente difícil de superar, ya sea por su inactividad física previa o su falta de entrenamiento adecuado.

Como norma general, estas pruebas están dirigidas a determinar un nivel de preparación física que los aspirantes deben superar y descartar a aquellos que no superan el mínimo exigido, es decir, no se busca específicamente a los opositores más capacitados físicamente sino poner un listón base como mínimo a exigir, debiendo cada uno lograr establecer su posición escalafonal una vez superado el referido requisito previo.

Esta prueba depende de muchos factores, los cuales, en mayor o menor medida, son entrenables, pero a su vez presenta un conjunto de componentes que difícilmente son modificables, ya que son inherentes a cada persona.

Dentro de estos últimos cabe destacar componentes genéticos tales como la constitución física de cada persona (altura, complexión, elasticidad, musculatura, etc). Ni que decir tiene que algunas personas están más dotadas físicamente que otras de cara a hacer frente a este reto. Aquellos que no tengan la suerte de poseer estas cualidades genéticas deberán dedicar más tiempo a su preparación, siendo si cabe más necesario el debido soporte de planificación, ayuda y control por parte de personal especializado en dicha tarea.

¿Quiere esto decir que todo el mundo puede superar las pruebas físicas de acceso al Cuerpo Nacional de Policía? Pues la respuesta es no, evidentemente, si bien el límite de cada uno no lo conoce más que uno mismo.

En contadas ocasiones se puede hacer frente a un examen en el que uno conoce de antemano las preguntas, ¿verdad? Pues éste es un claro ejemplo de ello. Las pruebas, los tiempos y las marcas necesarios para superar esta parte del proceso selectivo son públicas y se conocen de antemano. Cada aspirante conoce cual es el resultado de su preparación en cada momento y conoce si está preparado o no para superar dichas pruebas.

El objetivo de un preparador físico es precisamente saber sacar el mejor rendimiento de cada opositor, corrigiendo cada defecto observado y entrenar con el suficiente tiempo dichas pruebas para evitar los errores que pueden lastrar la óptima condición física de cada uno, sorteando las lesiones, sobrecargas o aquellos factores psicológicos que limitan o impiden rendir a su mejor nivel.

El camino correcto para superar estas pruebas físicas es su preparación específica, la constancia en la actividad física y la repetición de las pruebas a realizar.

De esta forma el alumno es capaz de ir progresando en su rendimiento al tiempo que comprueba si está llevando a cabo la asimilación del entrenamiento al compararse con otros opositores que afrontan el mismo reto.

El desarrollo de las pruebas

Las pruebas físicas se dividen en tres partes, las cuales se realizan consecutivamente y con escaso tiempo de descanso entre ellas.

La primera es el circuito de velocidad. Ésta es, precisamente, el ejercicio que depende más de la destreza o coordinación del aspirante que de su aptitud física propiamente dicha, motivo por el cual se hace imprescindible la preparación concienzuda para superarla. Si no se practica con la suficiente planificación no se adquiere la técnica necesaria y no se corrigen los errores que nos pueden llevar a realizar un ejercicio nulo en la prueba. Es muy eficaz la repetición del ejercicio asiduamente con el material adecuado para mejorar la marca y conseguir una nota satisfactoria.

Seguidamente el opositor se enfrenta al ejercicio de fuerza, concretamente la suspensión cronometrada en barra fija para las mujeres y la flexión de brazos en barra fija o “dominadas” en caso de los hombres. Esta prueba de fuerza es un test muy efectivo para determinar la capacidad física de cada aspirante. Su preparación y realización exige una carga de trabajo previo muy importante para superarla con éxito. Requiere una constancia y una técnica concreta para ir adquiriendo la capacidad física necesaria. Puede ser frustrante en un inicio por el escaso éxito aparente de los primeros resultados, la progresión del aspirante es progresiva y exige un número elevado de tiempo y dedicación por parte del opositor.

Finalmente, la última prueba a realizar es la carrera a pie en superficie plana, lisa y dura de 1000 metros. Ésta debe ser el resultado de una preparación concisa que requiere inexcusablemente un período de acondicionamiento físico general, un aumento de la carga de trabajo, un período específico de entrenamiento concreto de la prueba a realizar y una última fase de competición en la semana anterior al día de la prueba. Cada aspirante partirá de inicio en uno de los períodos reseñados anteriormente y su tarea será continuar el acondicionamiento físico previo a la última fase. Al igual que la prueba de fuerza requiere una carga previa de trabajo importante, más si cabe con el nivel de exigencia requerido desde las últimas convocatorias.

El mayor error a cometer por el opositor es retrasar el inicio de la preparación de esta fase del proceso selectivo, o en el peor de los casos confiarla a la suerte o a una motivación superior el día de la prueba. Cada fase del proceso es eliminatoria por sí misma, todas y cada una de ellas tienen la misma importancia, convergiendo en un mismo fin, la ansiada e ilusionante superación de la fase de oposición para el ingreso en el Cuerpo Nacional de Policía.