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¿Cómo preparar el examen tipo test en la oposición a Policía Nacional?

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Un año más, hemos dado la bienvenida al mes de noviembre, el mes de las primeras tormentas, las bajadas bruscas de temperatura y… el mes de los nervios en las oposiciones a Policía Nacional.

De aquí a pocas fechas los opositores a la Escala Ejecutiva afrontarán la primera prueba seria, en cuanto a la demostración de contenidos se refiere. Hemos dejado atrás las duras pruebas físicas, de las que quizá hablemos en otra ocasión, y nos toca lidiar ahora con el test de conocimientos.

Igualmente, los opositores a la Escala Básica no tienen mucho tiempo por delante para los últimos repasos antes de enfrentarse al examen de teoría y de ortografía.

En ambos casos, pero particularmente en la Escala Básica, ‘hecha la primera criba’ con las pruebas físicas, resulta una ratio absolutamente privilegiada entre el número de plazas ofertadas y el número de opositores que han sobrevivido a la quema.

Es una magnífica oportunidad para todos ellos y se debe hacer todo lo posible y un poco más por no desaprovecharla…

Evidentemente, todo pasa por estudiar y llevar bien preparado el temario (y la ortografía, por supuesto, en el caso de la Escala Básica), pero, además de eso y, en muchas ocasiones, no menos importante, debemos preparar asimismo la prueba en sí. No sería la primera vez que un opositor bien preparado no supera el examen por una mala planificación o por una mala estrategia a la hora de afrontarlo. Es por ello por lo que nos parece de vital importancia dar una vuelta a la estrategia del examen.

Consideraciones previas

Estamos ante un examen tipo test y solo eso merece unas consideraciones previas, puesto que el estudio para un examen de esta naturaleza es muy distinto que si de otro tipo de examen se tratara.

No vale con dominar la estructura de los temas, sino que necesitamos bajar al detalle en cuanto a sus contenidos y, asimismo, intentar realizar numerosos test de preparación, con el fin de adaptarnos al tipo de pregunta que se nos puede plantear.

La estructura tipo de las preguntas sobre teoría

En la mayoría de los casos, las preguntas esconden algo o se presentan de modo que no se respondan de la forma que podría pensarse tras una lectura rápida de la misma. Y tal circunstancia puede darse en su propio enunciado o en el planteamiento de las opciones de respuesta.

El uso de una determinada palabra puede cambiar radicalmente el sentido de una pregunta o de una respuesta y a todo ello habrá que estar muy atento. Por ejemplo, puede que un determinado órgano judicial tenga que conocer de determinados asuntos por su competencia objetiva, pero dependiendo de aforamientos, igual no puede conocer de según qué asuntos. Ello, por tanto, impediría dar por buena una respuesta en la que se leyera algo así: “Conocerá siempre la sala…”. Habrá que atender entonces al resto de posibilidades y valorar cuál se adapta plenamente a lo preguntado.

Ese simple ejemplo nos ilustra la innegociable necesidad de estar alerta ante posibles ‘trampas’ o segundas intenciones en las preguntas y respuestas.

También es conveniente tener presente que es muy habitual que entre las opciones de respuesta una de ellas se separe ostensiblemente del resto, manteniéndose la duda entre dos de las opciones más parecidas entre sí, en virtud de cuyo contenido nos deberemos decantar… o no.

La estrategia en el examen de teoría

Y bajo esas premisas, nos enfrentamos a lo que es la técnica de contestación en el examen, a la estrategia a desarrollar durante el mismo.

Lo primero que tenemos que tener claro es que el examen lo corrige una máquina.

Ello nos exige máxima atención y concentración a la hora de rellenar nuestra hoja de respuestas. En el examen nos indicarán en qué zona de la misma hemos de responder y eso es algo que debemos leer con atención, pues no siempre nos lo remarcan los encargados de supervisar la realización de la prueba. Y, por supuesto, extremar la precaución cuando marquemos las respuestas, asegurándonos de que la respuesta se corresponde con el número de pregunta a la que nos estemos refiriendo.

Esto que puede parecernos una perogrullada ha acabado con las fundadas aspiraciones de muchos opositores en todos los procesos selectivos. Si nos saltamos un número en la hoja de respuestas y encadenamos todas las respuestas cambiadas desde ese número, la máquina no va a atender a razones ni se va a apiadar de nuestro error material.

Una vez aclarado lo anterior, no menos importante resulta seleccionar bien las preguntas. Evidentemente, para ello nos debe dar tiempo a leerlas. Trabajar bajo presión durante los meses de preparación ayuda, indudablemente, a ello.

En esa línea, no podremos encasquillarnos en ninguna de las preguntas. Podemos pensar unos segundos acerca de una de las preguntas, pero nunca atascarnos más de lo imprescindible en cada una. Si una la sabemos, pero no nos termina de venir la inspiración, resulta más conveniente dejarla para una segunda lectura y no pararnos más de la cuenta, de modo que nos reste posibilidades de llegar hasta el final, donde nos podremos encontrar preguntas que sabemos sin lugar a dudas.

Por tanto, es recomendable una primera lectura de todas ellas, marcando las preguntas sobre las que podemos reflexionar en una segunda vuelta, igual que podemos marcar aquellas de las que no tenemos ninguna posibilidad de responder, para que no dediquemos un solo segundo en ulteriores repasos para identificarlas. Está desechada y nos la saltamos directamente. Con eso también ganamos unos segundos…

Y finalmente, algo que tenemos que tener claro es que no tenemos que responder todas las preguntas. Ni es obligatorio, por supuesto que no, ni lógico.

Sabemos que cada fallo penaliza medio punto, por lo que no debemos caer en la tentación de responder más preguntas de las convenientes. ¿Cuál es el número idóneo de preguntas a responder? Para esta pregunta, no hay respuesta posible y razonable. Dependerá del tipo de examen y del grado de satisfacción que lleve cada opositor con el mismo. Es decir, no es lo mismo hacer una primera vuelta del examen con la sensación de haber respondido adecuadamente (con ciertas dosis de razonabilidad y contando con que habrá, seguro, fallos) a un número importante de respuestas, que terminar esa primera vuelta con la sensación de que estás suspendiendo el examen.

Obviamente, en caso de llevar buenas sensaciones tras la primera vuelta, el número de preguntas contestadas determinará la mayor o menor necesidad de arriesgar con nuevas preguntas, que lo que pueden hacer es bajarnos una nota óptima. Son muchos los exámenes que se han echado a perder por contestar de más…

Por tanto, sin que ello resulte tarea fácil, debemos intentar analizar cómo llevamos el examen tras esa primera vuelta y, en función de ello, decidir en un sentido u otro, no debiendo conformarnos con menos de 55-60 preguntas contestadas (por lo que decíamos, que siempre van a aparecer fallos), pero sin caer en el exceso (pocos exámenes ‘engordados’ a la fuerza en segundas y ulteriores vueltas han conseguido aprobarse.

Debemos aplicar el sentido común, en una situación de tanta tensión como la que nos ocupa, para lo cual, sin que existan reglas fijas ni dogmas incontestables, sí deberemos atender a las pautas comentadas.

En cuanto al examen de ortografía… ese, por su especificidad, nos ocupará en ulteriores entregas y de modo exclusivo.